24.8.11

¿Porqué en los clubs juveniles sólo hay aspirantes al celibato?

Me gustaría preguntarte algo de la Obra que no entiendo(no eres el primero al que lo pregunto):
¿Porqué en los clubs juveniles sólo hay aspirantes al celibato (numerarios o agregados) y no a supernumerarios?
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Es verdad que no son muchos, pero conozco personalmente muchachos y muchachas aspirantes a Supernumerarios. Quizás te preguntes por qué no son muchos, o por qué no es lo más frecuente. Yo creo que se mezclan en tu pregunta factores de lógica humana y fe sobrenatural. Es un poco largo de explicar, pero lo intentaré.

La vocación personal, concreta, no es algo que uno elija, sino que descubre. Y se descubre a través de la sinergia (si cabe hablar así, porque no quiero decir suma, que no es lo mismo), de muchos factores en las circunstancias del interesado: edad, sexo, cultura, familia, educación, carácter, inclinaciones, etc... y por supuesto, su modo y su grado de relacionarse íntimamente con Dios. Llamo sinergia a la unión de todos esos factores, su relación entre sí, y el mensaje que el interesado pueda desprender de ahí.

No obstante, puede haber algunos factores críticos, más bien de tipo limitativo. Por ejemplo: si resulta que el interesado vive en un sitio donde no hay un solo centro de la Obra en miles de km a la redonda, puede estar seguro, sin temor a equivocarse, de que no tiene vocación para la Obra, puesto que Dios no le puede pedir (asistir a sus medios de formación, etc.) lo que él no puede dar. Pero eso no quita que no pueda ser santo. Su vocación es otra.

La inclinación al matrimonio es otra circunstancia que hay que tomar en cuenta, pero sería un error darle una categoría definitoria, dado que es parte de la naturaleza humana, universal (al menos, la atracción hacia el sexo opuesto). Quizás algunos no se sientan impulsados a casarse formalmente, pero hay que admitir que no es lo más corriente; de hecho, pienso que sentir una especie de rechazo al matrimonio puede ser una señal (no siempre) de NO tener vocación para la Obra, puesto que ésta se orienta a las personas más comunes y corrientes.

La inclinación, el deseo, la aspiración o la ilusión apasionada de casarse, por supuesto que es señal de vocación al matrimonio, pero no es la única, ni exclusiva, ni tajante, ni determinante: no excluye la posibilidad de que Dios le pida otra cosa al interesado. Si así fuera (si la inclinación fuera determinante), Adolfo Hitler sería el ejemplo más admirable de fidelidad a la vocación, dado que perseveró con todas sus fuerzas en su vocación de tirano y genocida, sus más fuertes inclinaciones.

Las circunstancias personales de un chico de club son factores que también hay que tomar en cuenta para la vocación. Si partimos de la base de que esas circunstancias son providenciales (haber conocido la Obra a temprana edad; haber entendido y vivido el espíritu de la Obra; tener deseos de hacer apostolado, etc.), es lógico pensar que puede tener vocación como Numerario, y eso es lo que un amigo, un sacerdote o el director del centro le puede sugerir para que se lo piense y lo dialogue con Dios, y animarlo para que sea generoso; nunca imponiendo ni dictando nada, como si fuera un oráculo, es el interesado el que lo tiene que descubrir en su oración y en la lectura de esos factores.

En cambio, si el interesado ya está a cerca de casarse, es más lógico que su vocación al Opus Dei se concrete como Supernumerario. Son muy aislados los casos (aunque conozco algunos) de Numerarios que ingresaron ya mayorcitos, cerca de los 30 años. O bien, que habiendo ingresado como Supernumerarios, después de un tiempo se dan cuenta que Dios les pide el celibato, y pasan a ser Numerarios. Pero no es lo más común.

Ahora, ¿qué pasa cuando un chico de club afirma, reafirma y confirma que lo suyo es ser Supernumerario? ¿No será quizá una falta de generosidad o de confianza en Dios?... Sólo Dios lo sabe. Lo único que pueden hacer sus amigos, el sacerdote o el director del centro es ayudarlo a considerar sus circunstancias, apoyarlo espiritualmente con mucha oración y sacrificio, animarlo a abrirse con Dios a lo que Él le pida, y si después de un tiempo razonable el chico persiste en su deseo, y lo demuestra con hechos (perseverancia en su piedad y su formación, empeño profesional –estudio- y afán apostólico), no hay ningún problema en que sea admitido como Supernumerario.

Un últmo tip, si es de alguna utilidad… En mi opinión, creo que si alguien se enoja o pierde la paz porque no lo dejan ser Supernumerario, puede ser señal de no estar en condiciones de pedir la admisión de ningún modo, pues reflejaría una disposición condicionada a su punto de vista, le faltaría la sencillez de ponerse en manos de Dios y de quienes tienen el encargo (¡tremendo encargo!) de dejarlo pasar. Si él se sabe en las manos de Dios, su Padre, todo lo vería para bien, y llevaría con paciencia cualquier contrariedad. Es mi opinión.

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