27.12.10

piercings


Good evening. He de comenzar diciendo que no soy del Opus Dei, aunque poco a poco me estoy acercando un poco a ella (no sé por qué). Soy practicante y acudo a grupos en una parroquia.
Tengo un dilema. He estado dándole vueltas a la cabeza sobre el tema de los piercings y si estoy cometiendo alguna especie de pecado al llevar uno y al plantearme acerme otro ahora. He preguntado a mucha gente a mi alrededor, incluso al párroco y no saben qué decirme...Vosotros qué opináis?
____________________________


Viva la libertad. Siempre que no se te infecte.

22.12.10

los Opus Dei se me hacen una religión interesante


El motivo por el cual le escribo, es por mi interes de aprender mas de los Opus Dei, se me hace una religion muy interesante.

Quisiera saber sobre sus ideologias y creencias. Actualmente soy catolico por tradicion, pero encuentro muchas cosas en la religion que no se me hace congruente, ando en mi busqueda de saber la verdad sobre la palabra de Dios, donde me pueda apoyar y buscar paz espiritual. Espero me pueda contestar y ayudar sobre la informacion.
____________________________

Me alegra mucho que te parezca interesante, pero hay que aclarar que el Opus Dei no es una religión, sino una institución de la Iglesia Católica. Supongo que era sólo un modo de decir, pero lo aclaro sólo por si acaso, para que no esperes nada diferente a la religión católica.

14.12.10

Artículos y estudios sobre Camino

Leercamino.org: una web sobre Camino


La página web leercamino.org desea ayudar a una lectura más profunda y enriquecedora de esta obra de San Josemaría


13 de diciembre de 2010

VIDEO: 70 años de Camino

Opus Dei - San Josemaría Escrivá
San Josemaría Escrivá

Con motivo del 70 aniversario de la edición de Camino se creó leercamino.org para facilitar una lectura más profunda y enriquecedora de esta obra del fundador del Opus Dei, que se ha reeditado en numerosas ocasiones, desde su primera edición en Valencia en 1939, en los países e idiomas más variados.

Esta web contiene secciones dirigidas a públicos diferentes, con el afán de mostrar con lenguajes diversos la gran riqueza espiritual, doctrinal y literaria de esta obra universal.

Para el público culto y especializado
Hay una sección especialmente dirigida al público culto y especializado. En ella se recogen, íntegros, los comentarios a los 999 puntos de Camino que ha realizado el teólogo Pedro Rodríguez en la 3ª edición crítica de Camino editada por Rialp. En esos comentarios vienen las referencias al aparato crítico y otras secciones del libro que se suponen conocidas por el lector.

Para el gran público
Esta web cuenta además con una sección de divulgación general titulada Camino punto a punto. En ella se exponen los diversos puntos de Camino pensando especialmente en la gente joven.

Cada punto viene acompañado por imágenes visuales que ayudan a la comprensión del texto, junto con una síntesis de los comentarios del Profesor Rodríguez, esta vez sin abreviaturas ni referencias al aparato crítico.

Opus Dei - Leercamino.org: una web sobre Camino
Leercamino.org: una web sobre Camino

En ocasiones, los puntos vienen acompañados de un vídeo en el que el propio San Josemaría habla sobre la cuestión a la que se refiere esa consideración espiritual. Otras veces aparece un vídeo de una enseñanza del Santo Padre o un testimonio personal.

Con estos contenidos multimedia se pretende ayudar al lector a familiarizarse con los personajes y escenarios históricos a los que se alude San Josemaría en esas consideraciones.

Camino –y sus constantes ediciones son la mejor prueba- conserva su frescor juvenil y su atractivo espiritual.

San Josemaría, en directo
El aspecto más interesante de esta página web, es la posibilidad de leer muchos de los puntos de Camino –escritos por San Josemaría durante su juventud– junto con los vídeos que recogen esas mismas enseñanzas salidas de sus labios en los últimos años de su vida.

De ese modo, a la fuerza innata de los puntos de Camino se suma el impacto visual y espiritual de San Josemaría, visto y oído “en directo”.

Testimonios sobre Camino
Muchos de los puntos vienen acompañados por artículos y videotestimonios de personas de todo el mundo que cuentan el impacto que tuvo en sus vidas la lectura de Camino. Estos videotestimonios –cuyo número se irá aumentando progresivamente– hacen que la web vaya enriqueciéndose con el paso del tiempo y ponen de relieve la universalidad del mensaje de San Josemaría.

Estudios sobre Camino
La web incluye diversas cronologías de la vida de San Josemaría, acompañadas por imágenes menos conocidas; o una sección que recogen portadas de las obras de San Josemaria editadas en los más diversos países e idiomas del mundo.

En otra sección se recogen los numerosos artículos y estudios sobre Camino que han ido publicándose en las últimas décadas.

Un libro para hacer oración
Leercamino.org desea acercar el mensaje que transmite San Josemaría en Camino: un libro que ha ayudado y sigue ayudando a miles de personas a hacer oración, y a avanzar en su diálogo íntimo con el Señor.

de opusdei.es

13.12.10

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

He entrado en "Solidaridad y Medios" una página que lleva un amigo mío y la verdad es que me ha parecido muy interesante, con todo tipo de artículos y noticias que te ponen al día en temas relacionados con sociedad, valores, bioética, educación, familia, solidaridad,... Tiene como objetivos conocer y poner solución a necesidades inmediatas en la sociedad de una forma eficaz y rápida, trabajando en los Medios de Comunicación Social. De esta forma consiguen transmitir y solucionar innumerables problemas de carencias de todo tipo.


9.12.10

Prepararnos para la Navidad


Mons. Javier Echevarría sugiere preparar la Navidad buscando la Gracia en los sacramentos y leyendo y meditando con frecuencia la Palabra de Dios.

Carta del Prelado (diciembre 2010)


07 de diciembre de 2010
Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Con inmensa alegría recuerdo el gozo con que San Josemaría repetía, durante el tiempo de Adviento, las palabras de la liturgia: Dominus prope est![1]. Esperaba con prisa y agradecimiento la solemnidad que conmemora la llegada del Salvador a la tierra.

Hemos comenzado estas semanas, que nos ayudan a prepararnos para la Navidad y las demás fiestas en torno al nacimiento del Señor. Pienso que se nos vendrán a la boca las palabras del profeta Isaías, que se recogen en la Misa del primer Domingo: sucederá en los últimos días que el monte del Templo del Señor se afirmará en la cumbre de los montes, se alzará sobre los collados, y afluirán a él todas las naciones[2]. Y nos rendiremos ante la bondad del Cielo, al ver cómo se cumplió esta profecía cuando el Verbo divino tomó carne en el seno virginal de María Santísima por obra del Espíritu Santo. Con su encarnación redentora, y especialmente por el misterio pascual de su muerte y su resurrección, el Señor ha traído la paz a la tierra, como anunciaron los ángeles en la primera Navidad. Aunque esa paz no se manifieste aún plenamente —pues el designio divino contempla que sólo al final de los tiempos Dios será todo en todas las cosas[3]-, ya ha hecho desaparecer el muro que se alzaba entre los hombres y Dios, a causa del pecado original y de nuestros pecados personales[4]. Además, Jesucristo quiere que los cristianos colaboremos diariamente en la implantación de su paz en los corazones, llegándonos hasta el último rincón de la sociedad.

El Papa comentaba, hace algunos años, que «los Padres de la Iglesia, en su traducción griega del Antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isaías que también cita Pablo para mostrar cómo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. Allí se leía: "Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado" (Is 10, 23;Rm 9, 28) (...). El Hijo mismo es la Palabra, el Logos; la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance[5]. Y añade el Santo Padre, en su reciente Exhortación apostólica: ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret»[6].

Prosigamos, pues, con seguridad y gran contento, nuestro camino cristiano. «La Navidad nos recuerda que el Señor es el principio y el fin y el centro de la creación: en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios (Jn 1, 1). Es Cristo, hijas e hijos míos, el que atrae a todas las criaturas: por Él fueron creadas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna, de cuantas han sido hechas (Jn 1, 3). Y al encarnarse, viniendo a vivir entre nosotros (cfr. Jn 1, 14), nos ha demostrado que no estamos en la vida para buscar una felicidad temporal, pasajera. Estamos para alcanzar la bienaventuranza eterna, siguiendo sus pisadas. Y esto sólo lo lograremos aprendiendo de Él»[7].

Hemos sido revestidos de Cristo en el Bautismo. Para conformarnos más y más a Él, el Señor nos ha dejado los demás sacramentos, especialmente la Penitencia y la Eucaristía. Recibiéndolos con frecuencia y con las disposiciones debidas, nuestro parecido con Jesús se refuerza, nos hacemos mejores hijos de Dios. El Espíritu Santo realiza esa tarea en las almas, contando con nuestra colaboración personal. Y parte de esa colaboración se concreta en leer asiduamente la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo: entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón[8]. De ahí el consejo de nuestro Padre: «Hemos de reproducir, en la nuestra, la vida de Cristo, conociendo a Cristo: a fuerza de leer la Sagrada Escritura y de meditarla, a fuerza de hacer oración»[9]. Empeñémonos, en las próximas fiestas, por «entender las lecciones que nos da Jesús ya desde Niño, desde que está recién nacido, desde que sus ojos se abrieron a esta bendita tierra de los hombres»[10]. Ponderemos con frecuencia: ¿con qué afán de santidad me acerco a las fuentes de la gracia? ¿Busco el modo de ser puntual en la recepción de los sacramentos, queriendo adquirir la limpieza de alma y el tono sobrenatural que Dios espera de mí?

La reciente Exhortación apostólica del Santo Padre, Verbum Domini, destaca la importancia de la Sagrada Escritura en la vida y misión de la Iglesia, y en la existencia personal de cada cristiano. Allí, Benedicto XVI recuerda a los estudiosos de la Sagrada Escritura, y a todos, una afirmación fundamental: «El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia»[11]. Sólo en el seno de la Iglesia, en continuidad con la Tradición viva y bajo la guía del Magisterio instituido por Cristo, se puede entender adecuadamente lo que el Espíritu Santo quiso comunicarnos para nuestra salvación, por medio de los escritores inspirados, sirviéndose de palabras humanas. Es decir, únicamente en la fe y desde la fe es posible comprender con hondura y exactitud, sin peligro de errar, lo que Dios nos ha revelado en orden a nuestra participación en la misma Vida divina. El estudio científico de la Sagrada Escritura se precisa para hacer una buena exégesis, pero igualmente necesaria —y en mayor grado— resulta la plena identificación con la fe propuesta por el Magisterio de la Iglesia. Por eso, «una auténtica interpretación de la Biblia ha de concordar siempre armónicamente con la fe de la Iglesia católica»[12].

Para comprender bien la Palabra de Dios, además de avivar la fe, esforcémonos por leer y meditar la Biblia en el clima espiritual en que fue escrita. Por eso resulta necesario que, al repasar con detenimiento el Evangelio y los demás libros inspirados, fomentemos una actitud personal de escucha. La Sagrada Escritura, sobre todo cuando es proclamada en el seno de la celebración litúrgica, cobra siempre actualidad, transmite la novedad de las cosas de Dios a la persona concreta que la oye con atención y desea asimilarla. Sus palabras, como escribe San Josemaría, son «luces del Paráclito, que habla con voces humanas para que nuestra inteligencia sepa y contemple, para que la voluntad se robustezca y la acción se cumpla. Porque somos un solo pueblo que confiesa una sola fe, un Credo; un pueblo congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»[13].

De modo análogo, también en la lectura personal de la Biblia —sobre todo, del Evangelio— resuena la voz de Dios, que hemos de esforzarnos por aplicar a nuestra situación concreta. Si nos afanamos por cuidar la atención —una atención filial— en la lectura de los textos sagrados, esa actividad se transformará verdaderamente en oración. «Al abrir el Santo Evangelio —escribió nuestro Padre—, piensa que lo que allí se narra —obras y dichos de Cristo— no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia.

»—El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida.

»Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?..." —¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante.

»Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. —Así han procedido los santos»[14].

En el documento que he recordado, Benedicto XVI dedica varios párrafos a exponer cómo la vida de los santos ofrece una gran ayuda para penetrar con mayor profundidad en el sentido de la Escritura. San Gregorio Magno —el Papa lo recoge en la Exhortación apostólica— aseguró que «viva lectio est vita bonorum»[15], que la vida de los santos es una lección muy viva, muy honda. «La interpretación más profunda de la Escritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a través de la escucha, la lectura y la meditación asidua (...). No es una casualidad —prosigue el Santo Padre— que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una explícita referencia a la Escritura»[16].

Después de afirmar que «cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios»[17], el Santo Padre menciona a varios santos y santas que han aportado luces nuevas, sacadas del Evangelio, a la vida de la Iglesia; y muestra cómo uno de esos rayos se manifiesta «en San Josemaría Escrivá y su predicación sobre la llamada universal a la santidad»[18]. Estas palabras nos han colmado —como es natural— de mucha alegría, al tiempo que nos traen al alma una llamada a nuestro sentido de responsabilidad, para sacar más provecho de las enseñanzas de nuestro Padre y difundir más aún su mensaje, amando así más a Dios y a la Iglesia.

Sigamos, pues, las repetidas invitaciones de San Josemaría a servirnos con frecuencia de los textos de la Biblia para alimentar nuestros ratos de oración y contemplar las escenas de la vida de Cristo, metiéndonos en el Evangelio «como un personaje más». Los textos litúrgicos de la Misa, tanto en el Adviento como en la Navidad, nos impulsarán fuertemente a crecer en familiaridad con la Palabra de Dios y a aumentar nuestra intimidad con Jesús, María y José. Entremos con decisión en sus vidas acompañando a los tres de todo corazón.

«Toda la vida del Señor me enamora», escribió nuestro Padre. «Tengo, además, una debilidad particular por sus treinta años de existencia oculta en Belén, en Egipto y en Nazaret. Ese tiempo —largo—, del que apenas se habla en el Evangelio, aparece desprovisto de significado propio a los ojos de quien lo considera con superficialidad. Y, sin embargo, siempre he sostenido que ese silencio sobre la biografía del Maestro es bien elocuente, y encierra lecciones de maravilla para los cristianos. Fueron años intensos de trabajo y de oración, en los que Jesucristo llevó una vida corriente —como la nuestra, si queremos—, divina y humana a la vez; en aquel sencillo e ignorado taller de artesano, como después ante la muchedumbre, todo lo cumplió a la perfección»[19].

Un consejo me gustaría sugeriros, tomando ocasión de esas palabras del Papa a propósito de San Josemaría: aumentad —aumentemos todos— el afán de conocer a fondo los comentarios de nuestro Padre a la Sagrada Escritura. Aprenderemos así a movernos con mayor soltura en el mar profundo de la Revelación, y sabremos descubrir también el sentido espiritual que se esconde en las palabras del texto sacro: lo que el Espíritu Santo desea transmitirnos, aquí y ahora, a cada una y a cada uno de nosotros. Con esta perspectiva os invito a releer un punto de Forja: «"Aquæ multæ non potuerunt exstinguere caritatem!!" —la turbulencia de las aguas no pudo extinguir el fuego de la caridad. —Te ofrezco dos interpretaciones de estas palabras de la Escritura Santa. —Una, que la muchedumbre de tus pecados pasados —a ti, que estás bien arrepentido— no te apartará del Amor de nuestro Dios; y otra, que las aguas de la incomprensión, de las contradicciones, que quizá padezcas, no deberán interrumpir tu labor apostólica»[20].

En los días pasados hice un rápido viaje a Fátima y a Santiago de Compostela, siguiendo las huellas de nuestro Fundador. Conocéis que el Santuario de Fátima le atraía especialmente; allí, como os he comentado otras veces, acudió San Josemaría con frecuencia para confiar a la Virgen sus intenciones, convencido de que la oración de María es siempre atendida por el Señor. También fui a Santiago de Compostela, recordando la peregrinación de nuestro Fundador al sepulcro del Apóstol, en 1938, que también fue un año jubilar, y uniéndome a la oración de Benedicto XVI en ese lugar, pocos días antes. En los dos sitios me he sentido apoyado por todos —como pedí, antes de salir, a vuestras hermanas y a vuestros hermanos de Roma—, para que el Señor nos conceda todo lo que le suplicamos. Recé por la Iglesia, por el Papa, por los fieles —cada mujer, cada hombre— del Opus Dei. Acudamos siempre a Jesús por medio de María, con fe y perseverancia, en una oración de unidad con la Iglesia y con la humanidad entera.

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre

+ Javier

Roma, 1 de diciembre de 2010.

-------------------------
[1] Misal Romano, Domingo III de Adviento, Antífona de entrada (Flp 4, 5).

[2] Misal Romano, Domingo I de Adviento, Primera lectura (A) (Is 2, 2).

[3] 1 Cor 15, 28.

[4] Cfr. Ef 2, 14.

[5] Benedicto XVI, Homilía en la Misa de Nochebuena, 24-XII-2006.

[6] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 12.

[7] San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1972.

[8] Hb 4, 12.

[9] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 14.

[10] Ibid.

[11] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 29.

[12] Ibid., n. 30.

[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 89; citando a San Cipriano, De dominica oratione, 23 (PL 4, 553).

[14] San Josemaría, Forja, n. 754.

[15] San Gregorio Magno, Moralia in Job XXIV, 8, 16 (PL 76, 295).

[16] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 48.

[17] Ibid.

[18] Ibid.

[19] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 56.

[20] San Josemaría, Forja, n. 655.

de opusdei.es
Prepararnos para la Navidad


Mons. Javier Echevarría sugiere preparar la Navidad buscando la Gracia en los sacramentos y leyendo y meditando con frecuencia la Palabra de Dios.




07 de diciembre de 2010
Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Con inmensa alegría recuerdo el gozo con que San Josemaría repetía, durante el tiempo de Adviento, las palabras de la liturgia: Dominus prope est![1]. Esperaba con prisa y agradecimiento la solemnidad que conmemora la llegada del Salvador a la tierra.

Hemos comenzado estas semanas, que nos ayudan a prepararnos para la Navidad y las demás fiestas en torno al nacimiento del Señor. Pienso que se nos vendrán a la boca las palabras del profeta Isaías, que se recogen en la Misa del primer Domingo: sucederá en los últimos días que el monte del Templo del Señor se afirmará en la cumbre de los montes, se alzará sobre los collados, y afluirán a él todas las naciones[2]. Y nos rendiremos ante la bondad del Cielo, al ver cómo se cumplió esta profecía cuando el Verbo divino tomó carne en el seno virginal de María Santísima por obra del Espíritu Santo. Con su encarnación redentora, y especialmente por el misterio pascual de su muerte y su resurrección, el Señor ha traído la paz a la tierra, como anunciaron los ángeles en la primera Navidad. Aunque esa paz no se manifieste aún plenamente —pues el designio divino contempla que sólo al final de los tiempos Dios será todo en todas las cosas[3]-, ya ha hecho desaparecer el muro que se alzaba entre los hombres y Dios, a causa del pecado original y de nuestros pecados personales[4]. Además, Jesucristo quiere que los cristianos colaboremos diariamente en la implantación de su paz en los corazones, llegándonos hasta el último rincón de la sociedad.

El Papa comentaba, hace algunos años, que «los Padres de la Iglesia, en su traducción griega del Antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isaías que también cita Pablo para mostrar cómo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. Allí se leía: "Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado" (Is 10, 23;Rm 9, 28) (...). El Hijo mismo es la Palabra, el Logos; la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance[5]. Y añade el Santo Padre, en su reciente Exhortación apostólica: ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret»[6].

Prosigamos, pues, con seguridad y gran contento, nuestro camino cristiano. «La Navidad nos recuerda que el Señor es el principio y el fin y el centro de la creación: en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios (Jn 1, 1). Es Cristo, hijas e hijos míos, el que atrae a todas las criaturas: por Él fueron creadas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna, de cuantas han sido hechas (Jn 1, 3). Y al encarnarse, viniendo a vivir entre nosotros (cfr. Jn 1, 14), nos ha demostrado que no estamos en la vida para buscar una felicidad temporal, pasajera. Estamos para alcanzar la bienaventuranza eterna, siguiendo sus pisadas. Y esto sólo lo lograremos aprendiendo de Él»[7].

Hemos sido revestidos de Cristo en el Bautismo. Para conformarnos más y más a Él, el Señor nos ha dejado los demás sacramentos, especialmente la Penitencia y la Eucaristía. Recibiéndolos con frecuencia y con las disposiciones debidas, nuestro parecido con Jesús se refuerza, nos hacemos mejores hijos de Dios. El Espíritu Santo realiza esa tarea en las almas, contando con nuestra colaboración personal. Y parte de esa colaboración se concreta en leer asiduamente la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo: entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón[8]. De ahí el consejo de nuestro Padre: «Hemos de reproducir, en la nuestra, la vida de Cristo, conociendo a Cristo: a fuerza de leer la Sagrada Escritura y de meditarla, a fuerza de hacer oración»[9]. Empeñémonos, en las próximas fiestas, por «entender las lecciones que nos da Jesús ya desde Niño, desde que está recién nacido, desde que sus ojos se abrieron a esta bendita tierra de los hombres»[10]. Ponderemos con frecuencia: ¿con qué afán de santidad me acerco a las fuentes de la gracia? ¿Busco el modo de ser puntual en la recepción de los sacramentos, queriendo adquirir la limpieza de alma y el tono sobrenatural que Dios espera de mí?

La reciente Exhortación apostólica del Santo Padre, Verbum Domini, destaca la importancia de la Sagrada Escritura en la vida y misión de la Iglesia, y en la existencia personal de cada cristiano. Allí, Benedicto XVI recuerda a los estudiosos de la Sagrada Escritura, y a todos, una afirmación fundamental: «El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia»[11]. Sólo en el seno de la Iglesia, en continuidad con la Tradición viva y bajo la guía del Magisterio instituido por Cristo, se puede entender adecuadamente lo que el Espíritu Santo quiso comunicarnos para nuestra salvación, por medio de los escritores inspirados, sirviéndose de palabras humanas. Es decir, únicamente en la fe y desde la fe es posible comprender con hondura y exactitud, sin peligro de errar, lo que Dios nos ha revelado en orden a nuestra participación en la misma Vida divina. El estudio científico de la Sagrada Escritura se precisa para hacer una buena exégesis, pero igualmente necesaria —y en mayor grado— resulta la plena identificación con la fe propuesta por el Magisterio de la Iglesia. Por eso, «una auténtica interpretación de la Biblia ha de concordar siempre armónicamente con la fe de la Iglesia católica»[12].

Para comprender bien la Palabra de Dios, además de avivar la fe, esforcémonos por leer y meditar la Biblia en el clima espiritual en que fue escrita. Por eso resulta necesario que, al repasar con detenimiento el Evangelio y los demás libros inspirados, fomentemos una actitud personal de escucha. La Sagrada Escritura, sobre todo cuando es proclamada en el seno de la celebración litúrgica, cobra siempre actualidad, transmite la novedad de las cosas de Dios a la persona concreta que la oye con atención y desea asimilarla. Sus palabras, como escribe San Josemaría, son «luces del Paráclito, que habla con voces humanas para que nuestra inteligencia sepa y contemple, para que la voluntad se robustezca y la acción se cumpla. Porque somos un solo pueblo que confiesa una sola fe, un Credo; un pueblo congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»[13].

De modo análogo, también en la lectura personal de la Biblia —sobre todo, del Evangelio— resuena la voz de Dios, que hemos de esforzarnos por aplicar a nuestra situación concreta. Si nos afanamos por cuidar la atención —una atención filial— en la lectura de los textos sagrados, esa actividad se transformará verdaderamente en oración. «Al abrir el Santo Evangelio —escribió nuestro Padre—, piensa que lo que allí se narra —obras y dichos de Cristo— no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia.

»—El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida.

»Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?..." —¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante.

»Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. —Así han procedido los santos»[14].

En el documento que he recordado, Benedicto XVI dedica varios párrafos a exponer cómo la vida de los santos ofrece una gran ayuda para penetrar con mayor profundidad en el sentido de la Escritura. San Gregorio Magno —el Papa lo recoge en la Exhortación apostólica— aseguró que «viva lectio est vita bonorum»[15], que la vida de los santos es una lección muy viva, muy honda. «La interpretación más profunda de la Escritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a través de la escucha, la lectura y la meditación asidua (...). No es una casualidad —prosigue el Santo Padre— que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una explícita referencia a la Escritura»[16].

Después de afirmar que «cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios»[17], el Santo Padre menciona a varios santos y santas que han aportado luces nuevas, sacadas del Evangelio, a la vida de la Iglesia; y muestra cómo uno de esos rayos se manifiesta «en San Josemaría Escrivá y su predicación sobre la llamada universal a la santidad»[18]. Estas palabras nos han colmado —como es natural— de mucha alegría, al tiempo que nos traen al alma una llamada a nuestro sentido de responsabilidad, para sacar más provecho de las enseñanzas de nuestro Padre y difundir más aún su mensaje, amando así más a Dios y a la Iglesia.

Sigamos, pues, las repetidas invitaciones de San Josemaría a servirnos con frecuencia de los textos de la Biblia para alimentar nuestros ratos de oración y contemplar las escenas de la vida de Cristo, metiéndonos en el Evangelio «como un personaje más». Los textos litúrgicos de la Misa, tanto en el Adviento como en la Navidad, nos impulsarán fuertemente a crecer en familiaridad con la Palabra de Dios y a aumentar nuestra intimidad con Jesús, María y José. Entremos con decisión en sus vidas acompañando a los tres de todo corazón.

«Toda la vida del Señor me enamora», escribió nuestro Padre. «Tengo, además, una debilidad particular por sus treinta años de existencia oculta en Belén, en Egipto y en Nazaret. Ese tiempo —largo—, del que apenas se habla en el Evangelio, aparece desprovisto de significado propio a los ojos de quien lo considera con superficialidad. Y, sin embargo, siempre he sostenido que ese silencio sobre la biografía del Maestro es bien elocuente, y encierra lecciones de maravilla para los cristianos. Fueron años intensos de trabajo y de oración, en los que Jesucristo llevó una vida corriente —como la nuestra, si queremos—, divina y humana a la vez; en aquel sencillo e ignorado taller de artesano, como después ante la muchedumbre, todo lo cumplió a la perfección»[19].

Un consejo me gustaría sugeriros, tomando ocasión de esas palabras del Papa a propósito de San Josemaría: aumentad —aumentemos todos— el afán de conocer a fondo los comentarios de nuestro Padre a la Sagrada Escritura. Aprenderemos así a movernos con mayor soltura en el mar profundo de la Revelación, y sabremos descubrir también el sentido espiritual que se esconde en las palabras del texto sacro: lo que el Espíritu Santo desea transmitirnos, aquí y ahora, a cada una y a cada uno de nosotros. Con esta perspectiva os invito a releer un punto de Forja: «"Aquæ multæ non potuerunt exstinguere caritatem!!" —la turbulencia de las aguas no pudo extinguir el fuego de la caridad. —Te ofrezco dos interpretaciones de estas palabras de la Escritura Santa. —Una, que la muchedumbre de tus pecados pasados —a ti, que estás bien arrepentido— no te apartará del Amor de nuestro Dios; y otra, que las aguas de la incomprensión, de las contradicciones, que quizá padezcas, no deberán interrumpir tu labor apostólica»[20].

En los días pasados hice un rápido viaje a Fátima y a Santiago de Compostela, siguiendo las huellas de nuestro Fundador. Conocéis que el Santuario de Fátima le atraía especialmente; allí, como os he comentado otras veces, acudió San Josemaría con frecuencia para confiar a la Virgen sus intenciones, convencido de que la oración de María es siempre atendida por el Señor. También fui a Santiago de Compostela, recordando la peregrinación de nuestro Fundador al sepulcro del Apóstol, en 1938, que también fue un año jubilar, y uniéndome a la oración de Benedicto XVI en ese lugar, pocos días antes. En los dos sitios me he sentido apoyado por todos —como pedí, antes de salir, a vuestras hermanas y a vuestros hermanos de Roma—, para que el Señor nos conceda todo lo que le suplicamos. Recé por la Iglesia, por el Papa, por los fieles —cada mujer, cada hombre— del Opus Dei. Acudamos siempre a Jesús por medio de María, con fe y perseverancia, en una oración de unidad con la Iglesia y con la humanidad entera.

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre

+ Javier

Roma, 1 de diciembre de 2010.

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[1] Misal Romano, Domingo III de Adviento, Antífona de entrada (Flp 4, 5).

[2] Misal Romano, Domingo I de Adviento, Primera lectura (A) (Is 2, 2).

[3] 1 Cor 15, 28.

[4] Cfr. Ef 2, 14.

[5] Benedicto XVI, Homilía en la Misa de Nochebuena, 24-XII-2006.

[6] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 12.

[7] San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1972.

[8] Hb 4, 12.

[9] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 14.

[10] Ibid.

[11] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 29.

[12] Ibid., n. 30.

[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 89; citando a San Cipriano, De dominica oratione, 23 (PL 4, 553).

[14] San Josemaría, Forja, n. 754.

[15] San Gregorio Magno, Moralia in Job XXIV, 8, 16 (PL 76, 295).

[16] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 48.

[17] Ibid.

[18] Ibid.

[19] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 56.

[20] San Josemaría, Forja, n. 655.

7.12.10

"el concepto del dinero dentro del Opus Dei es distinto"

Investigando sobre la relación entre manejo del dinero y filiación religiosa encontré que, en general, para los católicos, la relación es ambivalente, especialmente cuando se la compara con la que tienen los protestantes. Mientras que para estos la Gracias de Dios es un regalo que se manifiesta en la vida terrenal, para aquellos es algo que se decide en el día del juicio final, donde "será más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico por la puerta del cielo".

Sin embargo, pareciera que el concepto del dinero dentro del Opus Dei es distinto, que no hay problema con la posesión de dinero. ¿Podría explicarme cómo se maneja dentro de La Obra la posesión de riqueza material?
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Esta pregunta la contestó el propio fundador del Opus Dei en 1966, en una entrevista de Tad Szulc, para el New York Times. Pienso que no ha perdido actualidad. Te la copio.

Se cree generalmente que, como organización, el Opus Dei maneja una considerable fuerza económica. Puesto que el Opus Dei desarrolla de hecho actividades de tipo educativo, benéfico, etc., ¿podría explicarnos cómo administra esas actividades el Opus Dei, es decir, cómo obtiene los medios económicos, cómo los coordina y los distribuye?.

— Efectivamente en todos los países donde trabaja, el Opus Dei realiza actividades sociales, educativas y benéficas. No es ésa, sin embargo, la labor principal de la Obra; lo que el Opus Dei pretende es que haya muchos hombres y mujeres que procuren ser buenos cristianos y, por tanto, testigos de Cristo en medio de sus ocupaciones ordinarias. Los centros a los que se refiere, se ordenan precisamente a esa finalidad. Por eso la eficacia de toda nuestra labor se fundamenta en la gracia de Dios y en una vida de oración, de trabajo y de sacrificio. Pero no cabe duda de que cualquier actividad educativa, benéfica o social tiene que servirse de medios económicos.

Cada centro se financia del mismo modo que cualquier otro de su tipo. Las residencias de estudiantes, por ejemplo, cuentan con las pensiones que pagan los residentes; los colegios con las cuotas que satisfacen los alumnos; las escuelas agrícolas con la venta de sus productos, etc. Está claro, sin embargo, que estos ingresos casi nunca son suficientes para cubrir todos los gastos de un centro, y menos cuando se considera que todas las labores del Opus Dei están pensadas con un criterio apostólico y la mayoría se dirigen a personas de escasos recursos económicos, que —en muchas ocasiones— pagan por la formación que se les ofrece cantidades simbólicas.

Para hacer posible esas labores se cuenta también con las aportaciones de los miembros de la Obra, que destinan a ellas parte del dinero que ganan con su trabajo profesional. Pero sobre todo con la ayuda de muchas personas que, sin pertenecer al Opus Dei, quieren colaborar en unas tareas de trascendencia social y educativa. Los que trabajan en cada centro procuran fomentar entre las personas individuales el afán apostólico, la preocupación social, el sentido comunitario que les llevan a colaborar activamente en la realización de esas empresas. Como se trata de labores hechas con seriedad profesional, que responden a necesidades reales de la sociedad, en la mayoría de los casos la respuesta ha sido generosa. Usted sabe, por ejemplo, que la Universidad de Navarra cuenta con una Asociación de Amigos con unos 12.000 miembros.

La financiación de cada centro es autónoma. Cada uno funciona con independencia y procura buscar los fondos necesarios entre personas interesadas en aquella labor concreta.

Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer

2.12.10

La vida es más fuerte que la muerte

Noelia y Jesús Mª se conocieron en clase, en la Universidad. Los dos son Supernumerarios. Fueron novios durante tres años y decidieron casarse. Tenían claro que querían formar una familia. Su familia.

02 de diciembre de 2010

Opus Dei - Noelia Sanz
Noelia Sanz

Cuando a Noelia le preguntan cuántos hijos tiene, maneja dos tipos de respuestas: “cuatro” o “cinco: una de ellas, en el Cielo”. Pero Almudena, Álvaro, Blanca y Begoña responden siempre, invariablemente: “somos cinco: María está en el Cielo”. Son niños y, como tales, no tienen filtros.

Noelia estaba en su quinto embarazo. Sabía que tenía que someterse a una cesárea. Y el bebé nació el 30 de mayo, pero no lloró. Uno de los médicos se lo acercó y le dijo que en sus rasgos se asomaba el síndrome de Down. El primer pensamiento de Noelia fue “bendito sea Dios”. Entendió que esa niña diminuta, que pesó sólo 2 kilos y 300 gramos podía hacer mucho bien en su familia. Ella, Jesús Mª y sus hijos conocen, tratan y quieren a Guillermo, un chaval de 28 años que padece también el mismo síndrome. Y Guillermo es la alegría de la casa.

En ningún momento pensó que no podría sobrellevar la enfermedad de su hija; al contrario, estaba convencida de que Dios les daría la fuerza y que si Él había permitido que naciera así, sería por algo.

“Si me la has dado, no me la quites ahora”
A las tres horas del nacimiento, les dijeron que padecía también una cardiopatía congénita, típica de los niños con síndrome de Down. Se la llevaron a la UCI pediátrica. Era necesario hacerle una intervención quirúrgica, pero debían esperar a que creciera un poco, unos dos o tres meses. Y aquí Noelia se vino abajo. “Si me la has dado, no me la quites ahora”, esa era su oración, una oración que alternaba con las lágrimas.

Opus Dei - La pequeña María
La pequeña María

La bautizaron a los dos días de nacer y le pusieron el nombre de María. Tuvo el consuelo de las oraciones de mucha gente, de las visitas, de la compañía, de las flores de tantos familiares, amigos y compañeros de trabajo que con esos gestos les decían una y otra vez que estaban a su lado. Cuando Jesús Mª les dijo a sus otros hijos que María tenía síndrome de Down lo único que les preocupó fue que la gente pudiera reírse de ella.

Operaron al bebé a principios de septiembre. La intervención duró once horas. Pudieron verla en la UCI. Noelia y Jesús Mª estaban destrozados. Y así estuvieron cinco días, mañana y tarde. Y cada día tenía otra cosa más y a la vez desde el centro hospitalario les animaban a no perder la esperanza.

“Tú me la das, Tú me la quitas”
“Hágase tu voluntad” era ahora la oración de Noelia, mezclada con otra: “No te la lleves, cúrala, haz un milagro”. Nunca tiró la toalla: era su hija. Se resistía a pensar que se iba a morir, hasta que la primera oración de todas “Si me la has dado, no me la quites ahora”, se transformó en “Tú me la das, Tú me la quitas” y la convicción, firme como una roca, de que aquella niña que había robado el corazón de sus padres, de sus hermanos, de toda su familia y de los amigos, había venido al mundo a cumplir una misión muy corta en el tiempo, de sólo tres meses, pero misión al fin y al cabo.

Falleció el 9 de septiembre a las 12 del mediodía. Noelia subraya la hora, porque coincide con aquella en la que tradicionalmente la Iglesia entera recuerda a la Madre de Dios su concepción virginal a través del rezo del Ángelus.

"Algo que humanamente es desgarrador, se sobrelleva con la comunión de los santos”
Y llegó un vacío, un dolor para el que no hay palabras, “sin fe, no hubiera salido de la cama”, asegura. Y a la vez el convencimiento pleno de que tiene un ángel en el cielo, que les ayuda e intercede por ellos en el día a día. En casa hablan de María con normalidad; de hecho el 30 de mayo, cuando hubiera cumplido un año, celebraron su cumpleaños. “Tengo 5 hijos -dice Noelia- una de ellas no me da trabajo, al revés, me quita”.

Desde ese 9 de septiembre de 2009 piensa que María la ha hecho mejor persona, porque ha aprendido a dar importancia a las cosas que realmente se la merecen, porque los posibles agobios propios del trabajo se relativizan, también. “En el Opus Dei me ayudaron a afrontar con visión sobrenatural la enfermedad y la muerte de María. Te das cuenta de que no estás sola, de que hay mucha gente que te acompaña con su oración. Algo que humanamente es desgarrador, se sobrelleva con la comunión de los santos”, asegura.

Y cada vez que ve a un niño con síndrome de Down se emociona, no puede evitarlo. Y se inquieta pensando en la paradoja de vivir en una sociedad donde un colectivo de profesionales se desvivieron y pusieron todos los medios para sacar adelante a María y, sin embargo, cuando un bebé está en el seno de su madre, que merece y necesita de todos los cuidados, esa misma sociedad no siempre lo respeta. La vida es más fuerte que la muerte.

de opusdei.es

1.12.10

Los medios de formación y los miembros del Opus Dei

Tenia una simple duda... solo las numerarias dan dirección espiritual? el resto de las personas que están en la obra (agregadas, auxiliares o supernumerarias) no pueden serlo? o dar dirección espiritual en algún momento?
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En el Opus Dei, no solo las Numerarias dar medios de formación o reciben charlas.

Las Numerarias Auxiliares, las Agregadas y las Supernumerarias también lo hacen con la debida preparación.